Turismo farmacéutico, mucho más que una profesión

Como ya sabemos, los farmacéuticos no somos gente normal y, aunque el boticario salga de la farmacia, no deja de ser boticario. Normalmente se viaja por diversos motivos: trabajo, desconectar de la rutina, visitar a alguien, huir de una visita de los suegros… Pero, los boticarios aprovechamos para tomar ideas en una actividad lúdico-profesional que he denominado “turismo farmacéutico”.

Esto se puede ver fácilmente cuando viajamos. Uno va por las calles de una ciudad que no conoce y se orienta, instintivamente, por las farmacias. Aprovechamos que el resto del grupo está absorto observando una iglesia neogótica y nos escapamos a la farmacia de la calle de al lado. Así vemos cómo tiene el escaparate y cogemos ideas.

Lo increíble del turismo farmacéutico

Los boticarios, nos fijamos en las farmacias como si fueran un monumento más. Nos fijamos en el escaparate, los servicios que ofrecen, los uniformes, las ofertas, el estilo del edificio…

Alguno, más curioso o con más planes de hacer reforma en su farmacia, se atreve a entrar en alguna. Haciéndose pasar por alguien ajeno a la materia las analiza como si fuera un inspector de sanidad buscando irregularidades. “Mira dónde tienen la dermo”. “¡Y qué bonito el expositor de fito!”. “Esos uniformes tienen un corte casual sin salir de lo Trendy”.  Vamos, que a veces nos falta poco para entrar en la rebotica y pedir el libro de visitas. O el de estupefacientes, y les echamos una mano.

“¿No habíamos pasado ya por la del escaparate morado?”. “La última vez que vi al niño fue donde la farmacia esa del grafiti, cariño”.

En cualquier viaje del Siglo XXI que se precie, no puede faltar el postureo. Hay gente que parece que viaja sólo para hacerse fotos y subirlas. Se pasan más tiempo poniendo filtros a la Torre Eiffel que mirándola. En farmacia conocemos bien este postureo-viajero. No dejamos escapar la oportunidad de subir fotos de las distintas farmacias de los países que visitamos. Es lo que tiene el turismo farmacéutico.

Postureo farmacéutico

Porque, seamos sinceros, ¿quién de nosotros va a otro país y no hace fotos de las farmacias del lugar? Y con razón: algunas de ellas son espectaculares. 

Las farmacias super trendy

Las hay que parecen puestos callejeros de comida y tienen los medicamentos en cajones (normalmente vienen sin acondicionamiento, a granel). Allí cada uno se sirve como puede: que si 250 gramos de amoxicilina, que si “me pones medio de paracetamol”… También las hay modernas, prácticamente robotizadas. En las que el farmacéutico centra su actividad en aconsejar y hacer servicios profesionales y deja que las máquinas y la tecnología le ahorren tiempo y trabajo.

Las farmacias clásicas

Y no podían faltar estas, – mis favoritas, añado – . Que son farmacias con siglos de antigüedad. Algunas tienen dentro un pequeño museo. O han sido reparadas con los años, pero que conservan fachada, interior y utensilios de la antigüedad. Entrar dentro le lleva a uno a un viaje histórico por la profesión. Un ejemplo sería, por ejemplo, La Botica Francesa, en Matanzas (Cuba) fundada en 1882. La cual se ha convertido en un lugar de culto para todos los farmacéuticos del mundo. 

Viajar nos lleva a ampliar nuestros horizontes profesionales. Ver otra forma de ser farmacéuticos. Y aprender del vecino que, a veces, tiene la hierba más verde y conviene aprender cómo lo consigue. Toca volver con el resto del grupo, que ya ha terminado de ver la Iglesia de San Cosme… Lo que se han perdido.

Artículo escrito por Guillermo Martín Melgar vía Instagram

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