Los Farmacéuticos cuidamos a los cuidadores

La población de 65 o más años representa el 19,40% del total en España. Tres puntos más que en las dos últimas décadas. El progresivo envejecimiento de la población y el aumento de la dependencia que conlleva están poniendo de relieve la importancia de los farmacéuticos en la atención a los mayores y a sus cuidadores. Hasta ahora los grandes olvidados por el sistema.

Cuidar a los que cuidan. Facilitar su labor. Evitar que esta se convierta en una carga insoportable. Que acabe repercutiendo en su salud. Es una tarea más necesaria hoy que nunca. Pero, ¿cómo ayudarles desde la farmacia a sobrellevar esta difícil situación?

Empecemos por escuchar

Lo más importante es escuchar al cuidador para conocer sus necesidades específicas y poder ofrecerle nuestra ayuda. De esa forma, no sólo podremos cubrir mejor sus demandas dentro de nuestro ámbito profesional. Sino que también podremos detectar los primeros síntomas del llamado “síndrome de Burnout” o “síndrome del cuidador quemado”. Un estado de agotamiento físico y mental  que sufre un gran número de cuidadores. 

Entre los síntomas que podemos detectar en nuestra oficina de farmacia están la ansiedad, la sensación de agotamiento, los problemas de sueño, los dolores musculares o de cabeza, la aparición de nuevas enfermedades o agravamiento de las anteriores y el descuido en la imagen personal. 

Para prevenir este síndrome, podemos ofrecerles desde el primer momento consejos para llevar una vida saludable (alimentación, cuidado personal, ejercicio físico) sobre la premisa de que “para cuidar hay que cuidarse”; sugerirles que busquen ayuda para el cuidado del enfermo y, sobre todo, ofrecerles nuestros conocimientos y apoyo profesional para disminuir o facilitar su tarea. 

Tenemos mucho que ofrecer a los cuidadores

En muchas ocasiones, el cuidador no se atreve a llamar su médico para resolver problemas del día a día, pero es posible que pregunte a su farmacéutico, que no precisa cita previa y está cerca, sobre estas cuestiones. Entre otras ayudas, los farmacéuticos podemos ofrecerles:

  • Controlar la medicación

Los mayores dependientes son, en muchas ocasiones, pacientes pluripatológicos y polimedicados. Los sistemas personalizados de dosificación facilitan la administración de los medicamentos y pueden contribuir notablemente a su cumplimiento. Además, los conocimientos de los farmacéuticos son clave para asesorar a los cuidadores sobre sus posibles efectos adversos y sus interacciones. 

En muchos casos, el cuidador puede ser también una persona anciana, generalmente el cónyuge, con dificultades para desplazarse a la oficina de farmacia o con necesidad de asesoramiento para administrar fármacos complejas. En estos casos, la atención farmacéutica a domicilio podría ser de gran ayuda para mejorar la adherencia al tratamiento.

  • Fomentar la autonomía del paciente

Tanto para el bienestar del paciente como para el de su cuidador, es esencial alargar en lo posible la autonomía del paciente. En la farmacia, podemos ofrecerles determinadas ayudas para que el paciente pueda desplazarse (muletas, andadores…), vestirse, alimentarse, coser o leer sin contar en todo momento con la ayuda del cuidador. Todas estas ayudas suponen un respiro para los cuidadores.

  • Asesorar en el cuidado de la piel

La piel de los mayores es especialmente sensible, más aún cuando la persona está inmovilizada o utiliza absorbentes para la incontinencia urinaria. Los farmacéuticos tenemos los conocimientos necesarios para recomendar los mejores productos de higiene y cuidado personal, evitando así úlceras en los pacientes encamados o la irritación derivada del uso de apósitos, absorbentes o protectores. En las farmacias podemos recomendar hidratantes, productos para la prevención de escaras (aceites grasos hiperoxigenados), cremas reparadoras y cuidados especiales para la piel del paciente diabético.

  • Prevenir la malnutrición

Los ancianos son uno de los grupos con mayor riesgo de presentar malnutrición por el deterioro de los procesos digestivos, los problemas mentales, la falta de dientes, etc. Podemos ofrecer a los cuidadores consejos sobre la alimentación más adecuada para cada paciente y,  en aquellos casos en que se hayan detectado deficiencias de determinados nutrientes, dispensarles productos dietéticos específicos para la tercera edad destinados a sustituir total o parcialmente a la dieta habitual.

Es posible, además, que el paciente sea diabético, por lo que el control y seguimiento de la enfermedad recaerá también sobre el cuidador. En este caso, podemos ofrecer nuestro consejo para llevar una alimentación adecuada y mantener a raya esta patología.

  • Encontrar soluciones a las pérdidas de orina

Existen diferentes soluciones para las perdidas involuntarias de orina, un problema muy común en las personas mayores. Los farmacéuticos estamos capacitados para encontrar la solución óptima de acuerdo con el tipo de incontinencia, el perfil del paciente y su estado físico y cognitivo.

  • Cuidar la hipertensión

El riesgo de que una persona sea hipertensa aumenta en las personas mayores de 65 años. Por eso, si el cuidador no tiene un tensiómetro, podemos atender al dependiente en farmacia o desplazarnos periódicamente a su domicilio para tomarla y prestar otras ayudas.

*Sello Garantía Cofares – 100% farmacéutico: Este artículo está validado por personal farmacéutico cualificado del Grupo Cofares, con el objetivo de ofrecer información de valor, veraz y profesional a todos nuestros lectores.

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