Gestión de antigripales en la farmacia

Temporada alta de antigripales

Estamos en fechas de guardar la bata de manga corta, de sacar el abrigo y encontrarse un billete de 5 euros que habías dejado el año pasado, algo que sin duda te alegra la mañana (no puedo ser al único al que le pasa).  Vamos, que ya es navidad en El Corte Inglés y otoño en el resto del mundo. Y, con el otoño, llega la época del “moqueo”, de narices rojas y de “dame algo que me encuentro un poco regular”. Me refiero, cómo no, a lo que los farmacéuticos llamamos <<temporada alta de los llamados “antigripales”>>

Si el resto del año CSI Farmacia se encarga de resolver casos tan complejos como “Es una pastillita pequeña y redonda”, “me costó 3 euros la última vez” y el clásico “sácalas todas y yo te digo cuál es” en esta nueva temporada (season 2, como dicen los ingleses) de CSI intentaremos resolver enigmas tan complejos como “A ver qué le doy yo para tres décimas de fiebre y algo de malestar”.

Para empezar, debemos descifrar el autodiagnóstico que se ha hecho el paciente: ese “tengo algo de gripe” puede ir desde que ha estornudado tres veces, a un resfriado o hasta, “oh sorpresa, gripe”. También es importante corregir cuando el autodiagnóstico viene acompañado de autotratamiento: “¡Dame un antibiótico que tengo gripe!” (importante que el antibiótico no trata el virus de la gripe)

Preguntas frecuentes en época de frío

Una vez hechas las presentaciones y corregidos los errores, empieza el interrogatorio. La primera pregunta que se debe hacer es, igual que en CSI, “¿Quién es el culpable?”. Vamos, que a quién le están llegando los fluidos nasales hasta la bufanda. Y mucho cuidado con la respuesta “al niño” porque puede ser una trampa: “niño” puede ser cualquier persona con vínculos familiares de la persona que está en la farmacia. “El niño” siempre será el niño, aunque ya tenga sus propios niños.

Ahora toca reconocer el terreno: “¿Qué otros medicamentos toma o qué problemas de salud tiene normalmente?”. Ahora empieza la fiesta. Como ya sabréis hay pacientes que son auténticos malabaristas de las palabras y los síntomas: palabras “Yo no tengo diabetes… tengo algo del azúcar”. Olé, ahí. Al despiste. 

Y, ojo con el “yo no tengo ningún problema de tensión” porque suele venir acompañado, subliminalmente, de un “porque tomo tres medicamentos para controlarla”. A veces el paciente ni siquiera toma medicamentos para la tensión: son para los líquidos. No preguntes cuáles… O mejor sí: no sean “para la sangre”, que hay que estar en todo.

Imaginas una pantalla que contiene las variables síntomas-datos del paciente-características del medicamento hasta que las tres columnas se alinean y ¡BINGO! Encuentras el adecuado.

Después del interrogatorio, y con el caso ya resuelto, vuelves a la rebotica. Cansado, te duele la cabeza: “¿Me estaré poniendo malo? ¿Y ahora qué me tomo?”

Artículo escrito por Guillermo Martín Melgar  vía Instagram 

 

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